El interesante guión de Joe Eszterhas se desenvuelve con gran maestría en el terreno del suspense y las intrigas policíacas, buscando el rostro de una mujer que ha cometido un brutal asesinato en pleno acto sexual, armada con el famoso punzón de hielo. La sospecha recae en la viuda negra por excelencia del cine de Hollywood: la seductora Sharon Stone, que llena la pantalla con su presencia. No conozco a fondo su filmografía pero su personaje en esta película es sin duda uno de los mejores de su carrera cinematográfica y con él realiza una prodigiosa interpretación que cautiva desde la primera secuencia en la que aparece. La actriz transmite de forma inmejorable ese aire de misterio que rodea permanentemente a la escritora Catherine Tramell, la manipuladora víbora de la que sabe sacar múltiples matices, convirtiéndola en un enigmático personaje que da miedo y resulta terriblemente sugerente y atractivo. Todo ello lo desarrolla paralelamente, por supuesto, al despliegue de sensualidad y erotismo que derrocha a lo largo de toda la película, mediante conocidas secuencias que forman parte de la memoria colectiva de la cinematografía estadounidense más reciente. Me refiero evidentemente a extraordinarias escenas como la del interrogatorio en la comisaría con el mítico “cruce de piernas” o a los numerosos y explosivos encuentros sexuales que mantiene con Michael Douglas, quien resuelve su personaje del atormentado y traumatizado policía Nick Curran con una notable eficacia, a la cabeza de un reparto en el que también tienen cierta importancia George Dzundza y Jeanne Tripplehorn, en los papeles del inspector ayudante de Nick y la psicóloga de la comisaría Elizabeth Garner.
Toda una obra de culto del director Paul Verhoeven, con claras referencias al cine de Hitchcock, que ocupa un lugar privilegiado en la historia del cine internacional, destacando también por la premiada banda sonora de Jerry Goldsmith, una sobresaliente conjunción de inquietantes piezas musicales que incrementan la tensión y el interés para el espectador durante todo el metraje.
Más que notable es la producción de Mario Kassar, uno de los mayores beneficiados del grandísimo éxito de taquilla que supuso la película, el cual se vio duplicado, hay que reconocerlo, por la enorme polémica levantada por distintos colectivos sociales (principalmente de homosexuales) que se lanzaron contra la cinta con motivo del tratamiento que en ella se hace del sexo, aderezado con una dura y perversa violencia. Ello provocó como siempre el efecto contrario, una promoción impagable que convirtió desde el primer momento a “instinto básico” en una película histórica que trascendió a escala mundial marcando un antes y un después en el género del thriller erótico.
spoiler:
La educación y la cultura son muy influyentes en nuestra vida, nos moldean y nos forman como seres humanos que somos, pero ante todo, la educación y la cultura tienen una innegable labor de camuflaje, tapando y adormeciendo en algún rincón de la persona lo más primitivo de nuestra existencia. Instintos naturales que son propios de los animales o de cualquier ser irracional: el sexo, la violencia, la búsqueda del placer, la evitación del dolor... y en definitiva, la mera supervivencia. Para mí, esta es la gran reflexión de la película: todo ser humano tiene un lado terrorífico y oscuro en lo más profundo del subconsciente, algo implícito que viene incorporado a nuestra propia naturaleza. Por esa razón, los desequilibrios psicológicos llegan a provocar comportamientos tan espeluznantes, ya que afloran en la inconsciencia los instintos más básicos...
Esto último constituye la base argumental de la película y de ello nos habla constantemente el personaje de Catherine Tramell, un animal salvaje que trata de involucrar en ese peligroso juego de perversión a todos los que la rodean.
“tu si que lo sabes todo sobre el impulso homicida, ¿verdad pistolero?” (Catherine Tramell)