Rapsodia Satanica es la última película dirigida por el joven director italiano Nino Oxilia, quien poco después de rodarla murió combatiendo en la I Guerra Mundial. La película, una de las obras mayores del cine mudo italiano, es una adaptación del mito de Fausto, cambiando el género del protagonista pero conservando lo esencial del mito: el tono moralizante, la advertencia de que aquello que el Diablo (que cada cual le otorgue el significado que quiera a esta figura alegórica) concede tiene siempre unas repercusiones negativas de las que en principio no somos conscientes pero que a la larga harán su aparición para desgracia nuestra.
La película tiene un tono melancólico y decadente, casi barroco, que es acentuado en gran medida por la fotografía. Los fotogramas fueron coloreados a mano lo que le da un carácter aún más mágico, arcaico y aurático. Hay momentos en que parece que estamos frente a viejos daguerrotipos que toman vida y quieren salirse de su marco. A ello hay que unir la impresionante música de Pietro Mascagni y la belleza prerrafaelita de la protagonista, Lyda Borelli, que recuerda (tanto en su físico, con su nariz “griega”, sus rasgos faciales tan marcados y su cabellera ondulada como en su caracterización con vestidos sedosos y ligeros y ese aire de ninfa) a los retratos femeninos de Dante Gabriel Rossetti. Todo esto da lugar a una singular obra que consigue crear una sensación de desasosiego y gran belleza al mismo tiempo, como si todo fuese un sueño que se disuelve entre las brumas de la noche.
spoiler:
El argumento es sencillo. Una vieja aristócrata hace un pacto con el Diablo para recuperar su juventud, pero a cambio no podrá amar a nadie. Joven y hermosa de nuevo es cortejada por dos hermanos, Tristano y Sergio. Este último amenaza con suicidarse si no corresponde a su amor. Ella le deja morir, embriagada por su belleza y su poder sobre los hombres, despreocupándose de todo aquello que no sea ella misma y su placer. A pesar de todo sufre remordimientos por haber sido la causante de la muerte de Sergio, pero el influjo del Diablo le impide arrepentirse de lo que ha hecho. Finalmente decide entregarse a Tristano, dándose cuenta de que una vida sin amor no es nada, por muy joven y bella que sea. No le basta con su belleza y su arrogancia para ser feliz, ser amada no es suficiente, también necesita amar a alguien. Pero el Diablo no ha olvidado las condiciones del pacto y hace su aparición definitiva, despojándola de su juventud y de sus ilusiones justo cuando estaba a punto de alcanzar la felicidad y la condena así a morir de desesperación sola.
Dos lecturas pueden realizarse, entre muchas otras y teniendo en cuenta sólo el tema del amor, dejando a un lado otros que no son tampoco anecdóticos, como la consideración de la juventud, pero que quizás son más obvios. Se puede optar por una visión conservadora que niega la posibilidad de felicidad y de realización absoluta del ser humano, condenado a conformarse con lo que tiene y a no buscar más allá pues sólo le acarreará sufrimiento o, al contrario, destacar la toma de partido a favor del amor como la más alta aspiración del ser humano, aquello imprescindible para la vida sin lo cual ésta no alcanza todo su sentido y que, por lo tanto, hace que merezca la pena arriesgarlo todo por conseguirlo.