Tras el guiño inicial que el director mandó a los mandamases que otorgan los mejores títulos, estos le devolvieron el gesto con varias nominaciones. No se puede negar que la intención era buena. Eastwood, fiel a su estilo, decidió rodar un segundo film estando inmerso en el primero con los kms de cinta que sobraran, añadiendo un nuevo enfoque y siendo más puntilloso que Gibson en versión original. Lo que ocurre es que ya ningún director (nisiquiera Eastwood) consigue aunar reflexiones tan profundas como en Senderos de Gloria con imágenes de acción tan impactantes como las que aparecen en Black Hawk derribado.
Ya no existe equilibrio en el género bélico. O te mato. O te aburro.
En ninguna de las dos entregas los héroes consiguen emocionar. Watanabe, siempre perfecto haga lo que haga, queda lejos de anteriores trabajos. Las preocupaciones, sueños, actos y obligaciones de los soldados de ambos bandos suenan a refrito realizado durante la última década. Todos los roles de la soldadesca (como diría Pijus Magníficus) están presentes en esta obra. Los conocemos de memoria y consiguen alejarnos del verdadero drama que se desencadena ante nuestros ojos.
El género bélico se ha puesto muy caro para cualquiera que lo intente, aunque se llame Eastwood.
spoiler:
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