Esta es la historia de una afable ancianita que tenía como profesión la de ventrílocua; llenaba los teatros con su magnífico espectáculo de títeres que parecían estar vivos. Pero un día un detestable y procaz mozalbete osó a decirle a la viejecita que su espectáculo era una farsa y que las marionetas no estaban vivas sino que era ella quien hablaba por boca de éstas. ¡Vaya cómo se puso la matusalena!, en un ataque de rebeldía nonagenaria mató al maleducado imberbe y a partir de ahí lo típico:
spoiler:
La familia del chaval se molesta un poco y acaba por darle matarile a la abuela del vientre mágico , que ella renace de entre los difuntos para ajustar las cuentas de su muerte; que utiliza un regimiento de muñecos para poseerlos y así poder arrancar las lenguas de aquellos parientes de sus asesinos, que si el maquillador de la morgue ha de hacer horas extras con los cadáveres deslenguados, que si el protagonista de la trama tiene más huevos que el caballo de Espartero por ir desenterrando muñecos el mismo día del sepelio de sus esposa, que si el típico policía de la peli es un desgraciado de la vida que quedó finalista en un concurso de decapitación por votación popular por lo pésimo actor que es... y todas esas cosillas que hacen tan tan interesantes tramas de este calado.
Ahora en serio, la ambientación, el muñeco protagonista (y el de la silla) la banda sonora y el maquillaje están muy conseguidos; todo lo demás es caguerá de bou que dicen en mi pueblo (cagada de toro para más señas).
Señor Wan: de 2 una y media.