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Cuarón: ¡qué bien que llegaste!
Después de la correcta segunda parte, en la que se echaba de menos un poco de evolución en los persoanjes, Cuarón sustituye a Columbus en esta parte, obsequiándonos con esta maravilla.
La película, ya desde los primeros minutos, adquire un tono grisáceo y oscuro, que dominará todo el film. Los niños protagonistas ya han dejado de serlo, y nos encontramos con tres adolescentes bastante creíbles, con sus preocupaciones, problemas y demás (ojo, los personajes: las interpretaciones no están a la altura del cambio; Daniel Radcliffe, llorando, por ejemplo, es horroso, suerte que no les piden demasiado). Se empiezan a ver detalles de lo que serán futuras relaciones de los personajes...
Este film se aleja de la majestuosidad de Hogwarts y, pese a estar en el mismo sitio, presenta un escenario peligroso e inquietante, incrementada por la presencia de unos visitantes peculiares. Es la més profunda de las tres, donde se plasman muchas emociones y sentimientos varios. Desde el principio del fin de la película, las sorpresas vienen cogidas de la mano, no hay respiro. Michael Gambon resuelve bien el papel de Dumbledore (después de la muerte de Richard Harris) y Gary Oldman está genial como el preso fugado de Azkabán.
Y la música, luego del bajón de la segunda, recorre su camino con firmeza y se eleva hasta conseguir una banda sonora con mayúsculas; los efectos especiales, sobresalientes, como es habitual.
La más completa de las tres, la más mágica... Harry Potter ha ganado con el cambio del director, que será otro para la próxima entrega. Imprescindible.
Marcel 
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