Adaptación de la novela de P.D. James y confirmación que la distopía se ha puesto nuevamente muy de moda en el género fantástico: “Matrix”, “Equilibrium” o “V de vendetta” son los últimos ejemplos de un retrato sobre un futuro apocalíptico y desolador.
“Hijos de los hombres” prefiere mostrar el horror de un mundo prácticamente destruido (por dentro y fuera) sin esperanza futura y no tan lejano, amparándose en el ya desolador presente: una pandemia a escala mundial, terrorismo utilizado como herramienta política, manipulación de los medios, inmigración desmedida y controlada en una especie de campos de exterminio, guerra a nivel mundial y una creciente anarquía a nivel estatal.
El viaje a los infiernos que presenta Alfonso Cuarón retrata a un Londres y Reino Unido prácticamente derruido e inestable en esos paisajes urbanos-rurales desolados y gélidos. Esa inestabilidad se traslada a la dirección de Cuarón con ese estilo documentalista e hiperrealista con planos-secuencia interminables y cámara al hombro.
La magnífica fotografía, del ya confirmado maestro, Emmanuel Lubezki (“El Nuevo Mundo” y “Sleepy Hollow”) hace el resto.
Un primer giro dramático dota a la narración de un caos e incertidumbre desmedidos, donde no hay reglas bajo una narración lineal. Aunque despierta sus problemas en sus discursos: demasiado explicativos intentando captar a todo tipo de públicos y mirando demasiado a la taquilla.
Pese a que Cuarón le cortan ligeramente las alas sabe dotar a “Hijos de los hombres” de la tragedia y desolación pertinentes, con una mirada entre la niebla a la esperanza y reflexión, en la que es su mejor película hasta la fecha.
spoiler:
Debería haber nacido un lagarto alienígena (en plan “V”) para quedarse con toda la peña: el plan perfecto y definitivo para una invasión extraterrestre.