|
Una joya
Cuando se explican de esta forma historias sobre aldeas perdidas siempre se crea una atmósfera redonda, eterna y de silencio, como si no pudieramos ver todas las emociones que oculta, teniendo pues que guardarnos las lágrimas acumuladas para otro momento.
Lleva un argumento vivo, más ingenioso de lo que parece, y eso que apenas hay diálogos, sólo diminutos sonidos de la vida cotidiana que son los pilares de este impecable trabajo. Como se suele decir: recomendable encarnizadamente.
Marcos Caamaño
|