|
Buñuelo asoma su ciruelo.
Notable y acuciante drama psicológico que fustiga cerebros sin piedad de un modo escandaloso.
Espectacular comienzo con un meritorio pasaje surrealista a modo de subconsciente donde realidad, sueños, emociones y traumas consiguen hilvanar las sensaciones de un Buñuelo desatado, perverso y arrollador.
Buñuelo lanza sacos de estiércol sobre la burguesía, y cuestiona amor, deseo, pasión y traumas infantiles irreversibles.
El sinvergüenza de Peneke cosechó elogios y laureles con su mediocre la Pianista, un plagio bastante descarado a temas que aquí embotella Buñuelo, por fortuna, Peneke no consiguió despezadar almas a base de provocación y escenas desagradables, protagonismo no implica calidad, desde luego.
Nuestro amigo de Calanda con y sin bufanda sugiere y no necesita mostrar, trabaja la imaginación del espectador de un modo minucioso, atención al chino gordinflas con una cajita abordando parte de Belle De Jour, ciertamente portentoso.
No es una obra maestra, pero está claro que Buñuelo trabaja la sandía del espectador buscando desafíos.
Buñuelo, allá voy.
Se despide sin hacer ruido
El pendiente de Drenthe desafinando en el Santigao Bernabeu mientras Pellejini ata su mastuerzo al banquillo después de recibir un estruendoso golpe de mandarina por parte de un espectador con alto grado de embriaguez.
Killer_Wolf 
|