|
La semilla del diablo
Sintéticamente y sin rodeos Eden Lake podría definirse como lo que es : una auténtica patada en la boca/partes blandas aka íntimas. Echándole una mirada meramente superficial puedo afirmar sin miedo a equivocarme que se trata de una notabilísima cinta de terror : tiene una historia sin fisuras, técnicamente perfecta, tiene ritmo adecuado e intenso , sin tiempos muertos y está bastante bien resuelta. Y lo más importante consigue angustiarte, consigue acojonarte, tenerte en tensión hasta los créditos. Y lo consigue sin excesos, sin trampas, sin accesos sangrientos hipertróficos, pero con una violencia desatada que está al servicio de lo que se nos cuenta y que por tanto no es gratuita. No requiere la presencia de exploradores del abismo cósmico, de asesinos enmascarados ni de criaturas demoníacas, ni de entes sobrenaturales de esta o de otra dimensión para incomodarte . El terror vive a nuestro lado, juega en la calle, se divierte en los parques, hace el travieso por los bosques. Conseguir transmutar algo tan cotidiano y verosímil en una manifestación del horror me parece una virtud algo más que admirable en los tiempos cinematográficos que corren.
Una segunda lectura, algo más profunda, te arrastra a la indignación y luego a la reflexión, a preguntarte que es lo que lleva tanto tiempo roto en nuestra sociedad, cúal es el origen de tanta maldad, de tanta irracionalidad y salvajismo, de los comportamientos sociópatas que no paran de abrir heridas por las que el tejido social se desangra profusa y continuamente.
La película apunta en direcciones muy concretas, pero no dejan de ser respuestas demasiado reducionistas, aunque no por ello desacertadas. Quizás su respuesta sea una respuesta obvia y simple a una pregunta demasiado compleja. Deja, sin embargo, la pregunta sobre la mesa, y la deja con fuerza, con impacto, conmocionando, dejando en la boca un sabor muy amargo, una desagradable mezcla de indefensión y de ira, sin reducto para la esperanza, sin posibilidad del previsible deus ex machina.
Una joyita terrorífica y posiblemente una de las mejores peliculas del género de los últimos cinco años. Sin ninguna duda.
Tokio ya no nos quiere 
|