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Hasta luego cocodrilo!
Pete es un periodista americano encargado de hacer un reportaje en el norte de Australia sobre los hoteles y los servicios especialmente destinados a los turistas. Para llevar a cabo un primer reconocimiento de la zona, se embarca en un crucero que recorre un parque natural. Lo que al principio se parecía un viaje del todo placentero, acabará convirtiéndose en un auténtico infierno cuando los pobres viajantes sean atacados sin piedad por un cocodrilo gigantesco.
Lo sé, el argumento no da pie a ninguna buena vibración. Lo sé, es una película que ya habremos visto mil veces antes, como mínimo. Lo sé, tiene todos los números para acabar convirtiéndose en uno de los filmes más tontos del año. En parte todo eso es cierto (no vamos a engañar a nadie), pero siendo justos, ‘El territorio de la bestia’ acaba dando lo que promete. Y qué promete? Simplemente una hora y media durante la cual podamos desconectar del mundo exterior. Un objetivo que aunque no demasiado ambicioso, desafortunadas experiencias pasadas (de cuyo nombre prefiero no acordarme) nos han demostrado que no siempre es fácil de alcanzar.
Y cómo alcanza este objetivo? Curiosamente las mejores armas de las que dispone el director y guionista Greg Mclean son la introducción “pre-bestia” y la presentación de los personajes. Buena prueba es el muy excelente ambiente que se respira en el bar de la primera escena. Algunos personajes hacen gala de una complejidad -palabra que en estos casos siempre debe cogerse con extremada delicadeza- difícil de encontrar en estas películas. Por ejemplo, el hombre que va al crucero para echar las cenizas de su mujer al río. En apariencia parece que no esté tramando nada bueno, pero como se ve más adelante, está allí por motivos del todo románticos. En esta misma línea, es acertada la evolución de los principales protagonistas, sobretodo cuando las condiciones más precarias hacen que salga a relucir su mejor o peor cara.
Contrariamente a lo que se podría esperar, las entradas en escena de la bestia son de lo más flojillo del conjunto. Salvando la primera aparición y las agobiantes situaciones en el islote, lo que supone todo el enfrentamiento final acaba convirtiéndose en un completo despropósito. Aburrido, desproporcionadamente largo, demasiado previsible y facilón. Un final que en absoluto hace justicia a lo visto hasta entonces. A pesar de ello, como se ha dicho antes, ‘El territorio de la bestia’ ofrece un buen rato de entretenimiento. Sin más pretensiones, lo cual la convierte en una película fácil de digerir, honesta y sobretodo, cumplidora.
reporter
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