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Wong Kar-Wai en estado puro
Wong Kar-Wai era para mi un perfecto desconocido hasta que lo descubrí a través de “In the mood for love”. El tremendo impacto emotivo y sensorial que supuso para mi disfrutar de esa incuestionable obra de arte determinó, obviamente, que le siguiera la pista a su autor con el propósito de volver a experimentar esa vorágine de sentimientos y sensaciones que tan hondo había calado en mi sensibilidad cinéfila.
Lamentablemente, ni “2046” ni “My blueberry nights” consiguieron resucitar ese inconmensurable deleite. El cine de Kar-Wai conservaba indemne su virtuosismo estético, pero su mirada ya no era la misma. Había perdido parte de su pureza original y aparecía excesivamente intelectualizada en “2046” y excesivamente edulcorada en “My blueberry nights”. Aún así, decidí persistir con Kar-Wai y –sin excesivo entusiasmo- me dispuse a emprender “Happy together”, una obra anterior a “In the mood for love”, con la contenida esperanza de recuperar esa emotividad perdida.
A los cinco minutos, todas mis dudas se habían despejado. “Happy together” volvía a ser una peli de Kar-Wai en estado puro. Una especie de esbozo previo a “In the mood for love” (en versión gay, eso sí) que ya lucía con insultante desparpajo la misma plasticidad y destreza técnica que la de su sucesora. Lo mejor de “Happy together”, sin embargo, es que –siendo una historia de amor homosexual- su discurso es absolutamente universal. No en vano Kar-Wai nos describe unos sentimientos (amor, desamor, celos, desengaño, pérdida, soledad...) que no son masculinos ni femeninos, sino humanos. Y cuando alguien es capaz de transmitir todo eso sin acrobacias argumentales, sustentando su narrativa en imágenes tan intimistas como vigorosas y en una banda sonora que acaricia y enriquece todo cuanto vemos, es que detrás hay un artista. Un hombre de talento que domina perfectamente su propio medio de expresión y que evidencia con su cine que la vida cotidiana posee suficiente poética como para poder subyugar al espectador sin la coartada de alambicadas historias que, más que fascinar, aturden.
Taylor 
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