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MAGIA DORADA
Obra maestra del genio Chaplin en la cual despliega, hasta con cierta moderación, un amplio abanico de gags que resultan verdaderamente desopilantes. Pocas veces una película me había hecho reír tanto, aunque, como todos sabemos que es característica de este gran cineasta, tiene también sus momentos emotivos. Un clásico con todas las letras.
Basándose en un argumento muy sencillo (un puñado de buscadores de oro aislados en la nieve de Alaska) Chaplin logra, en primer lugar, contagiarnos de la atmósfera, en incluso hacernos sentir como parte de ella (hay que ver el regusto desagradable que se siente en la boca durante la famosa escena del zapato). Por otro lado, logra un alto nivel de comicidad en una escena trágica y dramática, como lo es la de la cabaña, con los dos hombres muertos de hambre. Además, crea también incertidumbre en el espectador, una sensación que irá creciendo a lo largo de la proyección y que nos llevará en todo momento a preguntarnos qué sucederá a continuación (este es, en base, uno de los objetivos que teóricamente debería plantear cualquier film).
Pero, en mi opinión, el verdadero clímax cómico de la obra llega en la escena de la taberna, principalmente en la secuencia del baile, que es tronchante a más no poder. Esta escena cuenta también con algunos momentos emotivos que despertarán la ternura y el aprecio del espectador por el personaje principal. Después, la historia se desarrolla hasta el final, intercalando Chaplin con mucha habilidad algunos gags más, como el de los panecillos y los tenedores (para la historia grande del cine). La escena final de la cabaña es de lo más ambigua: tan graciosa como dramática.
Cabe destacar el gran talento de Chaplin no sólo como director (algo indiscutible) sino también como actor. A pesar de que la mayoría de las veces lo vemos interpretar el mismo personaje, es de admirar el desparpajo con el que se mueve delante de la cámara, y cómo logra que sus movimientos y gestos sean graciosos a la hora de reír, y conmovedores a la hora de emocionar.
Una auténtica obra maestra, desternillante por momentos, y de brillante calidad cinematográfica durante toda la proyección. Numerosos planos excelentemente logrados, buena fotografía invernal y espectacular cortina musical, compuesta por el mismo Chaplin. Un perla imperdible.
LO PEOR: Prácticamente no tiene defectos. Tal vez el argumento, que es demasiado simple, pero es como si esta manera de hacer cine lo requiriese.
LO MEJOR: La genialidad de Chaplin y su personalidad para llevar a cabo este rodaje. Los gags, que son cómicos de verdad, aun después de tanto tiempo. La mezcla de emociones que genera.
LEANDRO PINTO 
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