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Hostias como panes.
Como de esta cinta mítica de gánsteres, madres castradoras y maleantes varios ya se ha dicho mucho, y como ya he hablado muchas veces de lo buen narrador que es Walsh, de lo rapidito que cuenta cosas el tío (sin que la peli se le quede en un suspiro inconsistente), sólo me queda recalcar la siguiente chuminada:
Y es que, fíjense, era acercarse a alguien, ya ni siquiera tocarle, y ese alguien se desplomaba. Hablo de los guantazos del Cagney, por supuesto. Comparaba yo con un amigo hace mucho esta peli con Reservoir Dogs... Y fantaseé, entonces, con la idea de que Tarantino hubiera rodado con Cagney... Imaginaba que la violencia salvaje, coñera, se trucara en ese suave golpeo que tiene Cagney, ese roce vaporoso en la nuca, o seco (también dominaba esa técnica, según tocase)... Siempre infalible. Siempre paradójicamente contundente pese a la economía de movimientos desencadenantes del impacto; casi sin impulso, un simple latigazo de muñeca o un zarandeo no más de antebrazo, y ya estaba armada una descarga capaz de tumbar a un rinoceronte.
Era arrimarle la palma de la mano a alguien y ese alguien acababa, impepinablemente, en el suelo entre angelitos. ¡Qué facilidad para dejar a la peña inconsciente! Y eso va también mucho en el estilo Walsh... Esa forma de rodar esos golpes de culata de revólver, ni siquiera nacarada, no son sino la extensión de su capacidad de síntesis, de su velocidad bien entendida y ejecutada.
Claro que en el caso de Cagney cantaba un poco. Tan chiquitillo él, tan rubiete. Y luego cogía a un tipo con 30 kgs. más y lo tumbaba con una friega, apenas, en el cuero cabelludo.
Yo creo que esos actores no se caían, se desplomaban haciendo méritos ante el dios Cagney.
Repartía bien el viejo Cagney en todo caso; repartía bien con la cámara el viejo Walsh. Sin ríos de sangre y sin apenas nudillos magullados, te metían de pleno en una trama de tensión y te ponían la piel al rojo vivo. Y la Mayo también, claro. Mujer de contundentes atributos, de ésas que de niños bebíamos en sus labios rojos technicolor, o en sus curvas claroscuristas realzadas en blanco y negro.
En fin, que seguiremos viendo los devastadores efectos de un movimiento del puño de Cagney, Bogart etc. Seguiremos disfrutando de esas hostias rodadas por una segunda unidad, de cuando la acción casi era un trámite molesto para el desarrollo de una historia. Esas leches en las que el que recibía no caía inconsciente, no.
Se dejaba caer buscando penalti.
Bloomsday 
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