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Hey, you, ¿te quedas en Tokio para siempre?
No me apetece tener que convencer a nadie de lo excepcional de esta película, porque su mejor cualidad es la sintonía que logra SOLO con su público natural. Si no lo eres, no hay nada que hacer: encontrarás multitud de motivos para odiarla profundamente. Si lo eres, sólo estaréis Bob, Charlotte y tú. Durante largo tiempo, además.
¿Peli para gafapastas? Pues no sé, puede. ¿Y? El argumento de Lost in Translation, lo que cuenta, no resiste una crítica objetiva. Nunca, porque lo que a mí –por condicionantes como la educación, la cultura, las filias, las fobias– me parece un trocito de la vida misma a otro le puede resultar banal, o pretencioso, o totalmente alejado de su visión de las relaciones humanas… qué se yo. Lo objetivo es que se trata de un relato de sensaciones y sentimientos INMEJORABLEMENTE escrito, PRECIOSAMENTE fotografiado, MUY BIEN interpretado e INTACHABLEMENTE montado.
Ahora bien, la historia (y enumero todo de lo que, a mi jucio, habla esta película):
-las crisis vitales a los 20 y a los 50;
-el desconcierto ante un hecho cultural que no comprendemos;
-la sobre-excitación a la que te empuja una sociedad hipertecnificada;
-la tendencia a la introspección de esa misma sociedad;
-el jet-lag;
-los encuentros fortuitos que te cambian la vida;
-la amistad intergeneracional;
-el sentirte a gusto con un desconocido;
-el enamorarte durante tres días y saber que no durará más;
-el no querer que dure, pero sí disfrutarlo mientras lo haga;
-el que ese enamoramiento no sea sexual, ni siquiera físico;
-el seguir queriendo a de tu pareja aunque a veces tengas temporadas en que le/la mandaría a un gulag;
La historia, digo, es siempre subjetiva, porque nos habla íntimamente a cada uno. A mí, Lost in Translation me habla de estas cosas, y las entiendo, las comparto, me emocionan porque me han pasado, me están pasando o porque sospecho que algún día me pasarán. Cualquier persona ajena al universo de esta película (bien porque no entiende los silencios, porque los protagonistas le resultan insoportablemente snobs y no terminan de irse juntos a la cama, porque no aguanta que Sofía Coppola sea una enchufada y ese prejuicio le impide relajarse ante su obra o porque lo japonés le pone nervioso) tiene permiso para echarla a la hoguera. A mi no me importa quedarme sola contemplándola una y otra vez.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Lo que nunca nadie podrá negar es que los cinco minutos finales son apoteósicos y que pasarán a la historia del cine. Ese “Hey, you”, el abrazo infinito, la frase susurrada que no oímos, las lágrimas y la sonrisa de ella… Priceless.
Elle 
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