|
Palabras arrojadas como balas que rebotan entre muros
Últimamente da gusto con el cine galo, nos vienen películas cercanas a nuestro modus vivendi, pero lo suficientemente alejadas como para aportarnos otro punto de vista. Recuerdo a bote pronto, “Hace tiempo que te quiero” o la exitosa y reciente “Bienvenidos al norte”. La que toca comentar ahora es la historia de una clase de instituto a chicos de entre 14 y 15 años, de origen extranjero en un barrio parisino marginal, y todo lo que ello puede conllevar. Aunque es difícil hacer tablas de equivalencias con el sistema español, podríamos decir que la clase en cuestión es un tercero de la ESO nuestra.
Lo primero que choca son las diferencias con el caso español. Allí, yo creo, lo tienen algo mejor. La inmigración es más antigua y está, por tanto, más asentada; los estudiantes que allí vemos son adolescentes que seguramente han nacido y crecido en Francia, no todos, claro está; la disciplina quizás se mantenga algo más firme que aquí, por ejemplo, el tuteo con el profesor es impensable, aquí lo impensable sería lo contrario; llama la atención que los alumnos puedan asistir a la reunión de evaluación.
Así las cosas, el film se desarrolla durante un curso escolar y trata de las diatribas dialécticas entre el profesor-tutor y el heterogéneo alumnado. Las discusiones son constantes y siempre bordean la agresión verbal. Uno de los méritos de la película es mantener el interés sin que haya una trama central, o se salga apenas de ese escenario casi teatral que es el aula de clase. Se agradece que no caiga en el maniqueísmo, que los padres no aparezcan como unos inconscientes, ni los profesores como unos héroes, ni los alumnos como nulidades absolutas; hay de todo, como en botica. Se lidia con un problema, la integración de alumnos de origen extranjero, y se hace lo que se puede; después la vida sigue, eso es todo, que no es poco.
Luigi 
|