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Bruatzzzzzzz... La pijícula
Aún no sé por qué la he visto. Bueno, sí, sí lo sé. Porque quería comprobar hasta qué límites puede llegar el anticine, y creo que lo he podido comprobar, porque no creo (más que creerlo, lo espero) que haya película peor.
Imagináos una mezcla de todas las películas de chicas superchachis recién llegadas al instituto con un recreo dividido por clases sociales, donde todos siguen como borregos a un trío (cuarteto en este caso) de chicas guays que las tratan como auténticos mitos del máximo triunfo. Imagináos eso pero elevado al máximo exponente y con una dósis gigante de ingenuidad en el momento de creerse realmente que han hecho una película con moraleja final. Imagináos todo eso con unas gotitas de reinserción social, pues nuestras cuatro amigas son además cuatro Teresas de Calputa porque convierten a los marginados en gente superguay sin problemas.
Y no podría faltar una diva antidiva que se cree diva (con una sobreactuación que puede llevar a la locura y paranoia del espectador) enemiga de nuestras cuatro amigas, pero, por supuesto, nuestras cuatro amigas salen ganando siempre en un guión (llámalo guión, llámalo cuaderno de apuntes de Paris Hilton) donde en cada página sólo podía leerse: "-amigas para siempre, uuuuuh-, y de ahí improvisáis".
Eso sí, al final de la película todo el mundo se hace la misma pregunta: "Voight, ¿por qué?".
Adrián Gómez 
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