- Oye, tú, zombie número dos.
- Dime, zombie número uno, te escucho.
- ¿Te queda algo de ese hígado de ciervo encebollado?
- No, cuanto lo siento, número 1. Se ha terminado.
- Vaya, hombre. ¿Y vosotros, los del fondo, os queda algo de comer?
- (varios) Por aquí nada, número 1.
- Ummm, vamos a tener que cazar en breve. ¿Neville sigue dando el coñazo ahí fuera?
- Sip. Tan obsesionado como siempre por imponer el canon digital. No me extraña que todo dios quiera matarle.
- Lástima, pero qué se le va ha hacer. Allá él y su ridícula cruzada. No sabe lo que se pierde.
- Ya ves. Ser zombie es un auténtico chollo: sin madrugones, puedes comer hasta reventar y ni siquiera hay que lavarse para entrar a alguna zombie jamona. No veía tías tan fáciles desde nochevieja...
spoiler:
- Bueno, número 2, me voy con la música a otra parte. Que te vaya bonito.
- Adiós, número 1, adiós.
Número 2 se queda un momento a solas, pensativo. Observa el muro de los trofeos, donde cientos, tal vez miles de cabezas humanas, disecadas y muertas, dirigen su vacía mirada al infinito. Leonardo Dantés, Gonzalo Miró, Victoria Beckham... Testigos mudos, símbolos de una era decadente, por fortuna ya superada. Número 2 murmura para sus adentros: “Sí. Definitivamente, el mundo es ahora un lugar mejor”.