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Un héroe cinematográfico
He salido muy conmovido de esta película, muy emocionado. Amigos, id a verla. Este documental (sin buscarlo) desenmascara la retórica superficial y falsa con la que se nos cuentan muchas historias que tratan sobre la enfermedad y la muerte (pienso en "Philadelphia", por no citar el peor ejemplo). En cierto modo, impugna la retórica al uso en el cine de ficción y lo hace con una humildad casi irritante: el director renuncia a hacer cualquier ejercicio de autor, a dejar su firma. El planteamiento de la historia, su guión y su montaje parecen más propios del documentalista de una televisión regional que de alguien que va a proyectar su trabajo en una pantalla grande y en festivales de cine. Y, sin embargo, consigue emocionarme hasta el tuétano. ¿Por qué? ¿Sólo por reflejar una realidad tristísima, la de un hombre con una enfermedad degenerativa?
No es sólo por eso.
Esto es una película, todas las personas que aparecen aquí sabían que estaban hablando para una cámara (y por tanto, actuaban), se han seleccionado las escenas, se han montado, se ha manipulado la realidad para buscar un efecto narrativo y emocional. Las frases anteriores son una obviedad, ya lo sé, pero las he escrito para poder decir ahora: los actores de esta película son maravillosos. Los actores, sí. Para mí Carlos Cristos (el protagonista) es un héroe cinematográfico. Siento que la historia que interpreta ante la cámara (la que él nos ha querido contar) ha iluminado mi vida y mis sentimientos y le estoy inmensamente agradecido por ello.
[Aviso a los portadores de gafas de pasta: las lágrimas empañan los cristales]
Macarrones 
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