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Miyazaki Rules
Hermosa e imaginativa aventura ambientada en la Europa de principios de siglo que como en Mononoke y Chihiro, Miyazaki da muestras de un estilo muy depurado, con una perspectiva visual asombrosa, a medio camino entre lo poético y lo fantástico, entre el mundo infantil y el de los adultos, que eleva su propuesta como una de las más estimulantes del panorama mundial. En general Miyazaki aporta una gama de colores menos oscuros que en sus últimos trabajos, aunque su planteamiento no varíe substancialmente. Temáticamente vuelve a abordar temas habituales en su cine, como su claro mensaje antibelicista presente en muchos directores japoneses de su generación, y otros mas acordes con los tiempos actuales como la obsesión por la apariencia de una sociedad como la japonesa (y por supuesto en el resto del mundo) o la visión que se mantiene de las personas ancianas. Pero el guión destaca sobre todo por compleja estructura que apela más al subconsciente que a la razón, lo que le permite de paso mucha libertad en su aspecto visual. De hecho Miyazaki brilla como pocos con una extraordinaria fuerza visual impregnada a partes iguales de la más irrefrenable imaginación, una adulta visión sobre la sociedad y un profundo halo poético. Consigue que algunos planos e incluso escenas enteras se queden grabados en la memoria por su belleza, como ese momento en el que la Sophie y el espantapájaros están hablando con una puesta de sol de fondo. La animación nuevamente mantiene una calidad elevadísima, con auténticos momentos de puro virtuosismo, como el increíble diseño del castillo, de enorme complejidad técnica. Pero no se limita al simple logro técnico, pues se vale constantemente de metáforas visuales que forman parte vital de la narración, así como sutiles detalles que invaden todo el film, como los cambios de apariencia de Sophie que envejece o rejuvenece en función a su estado de ánimo. Y por supuesto destacar su sobresaliente banda sonora, en la que Isaishi ha logrado posiblemente su mejor obra hasta la fecha, bellísima e inteligente, en la que se vuelve a apreciar la gran compenetración con el director. El Castillo Ambulante es una película magistral. Una de las mejores de animación en los últimos años, sin duda. Pero ante todo un canto al trabajo del artesano, a la labor del animador tradicional que con paciencia y talento alcanzan la maestría. Y eso si es algo extraordinario en estos días.
jairechu 
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