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Motivo inteligente para sonreir
En los tiempos que corren, después de la chuminada de los Goya y de las dos decepciones precedentes, ver una película honesta, decente, simpática y con buenas intenciones es como para sentirse afortunado. De hecho, de no ser por “Deifinitivamente, quizás” es muy posible que hubiese terminado el fin de semana tirando por la ventana el televisor, el reproductor de DVD y hasta el sofá para no volver a ver una peli en mi vida.
Pero como digo, por suerte, fui a escoger una película en la que han repartido con criterio el presupuesto entre actores moderadamente conocidos y directores y guionistas competentes. Entre todos hacen una película con partes de comedia, de película romántica, de dramilla… mezclados de manera inteligente y con un ritmo sorprendentemente ágil.
No hay mucho más que decir… se trata de una forma elegante y fina de pasar una hora y media. Puede que no haya efectos especiales, ni planos a contraluz en mitad de una leve brisa que meza las ramas de los sauces llorones, ni monólogos desgarradores, ni prostitutas buscando a una madre travesti que las abandonó de pequeña, ni hay… no, pero es imposible no verla y sentirse un poco más optimista.
OsitoF 
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