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Quizá la próxima sea mejor
Fallido intento de recuperar el cine mudo. Todos conocemos la conducta suicida del cine: en cuanto actualizamos el estilo, género, formato, diseño, color, sonido, etc, de la imagen ya no hay vuelta atrás; es decir, restamos en lugar de sumar.
En este caso nos encontramos ante una película isla dentro del cine actual, ya que la apuesta es particularmente arriesgada dadas las costumbres del público.
Igualmente, como obra cinematográfica no goza de gran valor ni mucho menos.
Además de repetitiva, padece del uso excesivo de los primeros planos, sobran numerosos planos de montaje, las escasas ideas de luz son rápidamente desaprovechadas, las interpretaciones dejan mucho que desear y, lo peor de todo, con diferencia, el guión y su pretencioso empeño de disimular que, en verdad, no tiene nada que decir.
Igualmente no dudaré en ver la siguiente película de su autor, si es que la hace, por el simple hecho de comprobar su criterio y compromiso con el adulterado séptimo arte.
Joaquín Regadera 
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