Lo mejor de esta película es su guión, tan perfectamente medido y estructurado, y su poder visual. Las imágenes resultan tan poéticas que ya sólo por eso es una gozada visionar Caótica Ana. Pero es que, además, la secuencia del 10 al 0 con la que se cuenta la película logra sumergirnos en el universo de la protagonista progresivamente, tal como ella se va conociendo. Navegamos con Ana en su Odisea. Sin duda, un personaje para el recuerdo.
La principiante Manuela Vellés aún tiene que aprender mucho. Su interpretación no convence del todo en los momentos más tensos del relato, pero en general se mueve muy bien por las puertas del subconsciente de la chica. Rampling, excelente como de costumbre. Bebe demuestra de nuevo que no sólo es cantante y desprende frescura en todo momento como la compañera de fatigas de Ana. El resto de los secundarios cumplen su función con creces. Resultado; un reparto de primera que hace creíble la historia.
spoiler:
La gran pega de Ana es el 0, que realmente sobraba en un relato tan personal y perfectamente estructurado. Todo casa menos ese final a lo Lolita en un Nueva York de pega en el que la crítica política resulta burda e ineficaz. En tal caso, Medem debería haber matado a Ana para que se repitiese el ciclo de la vida, pero dejarla vivita y coleando me parece ridículo, aunque lo es aún más su encuentro con ese senador yanqui o lo que sea. Si quiere protestar contra la guerra de Irak, que haga otra Pelota Vasca, que será bienvenida con entusiasmo, pero que no nos cuele el panfleto ahí sin más.