En la novela la disposición tipográfica de los capítulos era caótica con el lógico sentido de mantener en vilo la sobrecogedora atracción que poseen los sucesos que le acontecieron al chico. En el paso al cine es completamente innecesaria además de que puede ser interpretada como síntoma de pretenciosidad narrativa.
A continuación voy a desentrañar un poco la historia real del jóven Christopher Johnson McCandless analizando ciertos aspectos personales y pautas de comportamiento que descubrí leyendo la novela Into The Wild.
Sería fácil analizar el comportamiento de Christopher McCandless siguiendo el estereotipo del adolescente excesivamente impresionable, del muchacho que tiene ideas descabelladas porque ha leído demasiado y le falta el sentido común más elemental. Sin embargo, en este caso el estereotipo no encaja ni con su vida ni con su personalidad. McCandless no era un irresponsable, y tampoco un adolesecente confuso y atormentado por la desesperación existencial. Al contrario, rezumaba sentido y propósito. Sólo que se exigía mucho más de lo que realmente podía dar de sí.
Para intentar explicar el comportamiento poco convencional de McCandless, algunas personas han destacado que su principal atributo físico era la poca estatura, lo que habría provocado en él una especie de complejo de bajo y, como consecuencia de ello, una permanente sensación de inseguridad que lo habría llevado ha demostrar su hombría afrontando desafíos extremos al más puro estilo de las aventuras de Jack London en Alaska.
Otros se han aventurado a decir que la raíz de su funesta aventura es un complejo de Edipo sin resolver. Puede que haya algo de verdad en ambas hipótesis, pero el análisis psicoaálítico póstumo resulta dudoso y altamente especulativo; de modo inevitable, termina por rebajar y trivializar la conducta del sujeto sometido a dicho análisis.
Sinceramente, no creo que reducir la búsqueda espiritual de Chris McCandless a una lista de trastornos psicológicos pueda ser muy clarificador pero tambien pienso que ni Jon Krakauer (autor de Into the Wild) ni Sean Penn con su película hayan arrojado demasiada luz sobre la eternamente sombría historia del chico.
spoiler:
La abominación del guión merece un punto y aparte. Los mejores personajes del libro coinciden al ser los salvables momentos de la película (véase la escena del viejo u la de la madre que perdió a su hijo).
Si Sean Penn hubiese leído bien la novelita no hubiera cometido un error tan garrafal (a mi juicio individual) como confundir el nombre de la planta que mata a Chris. Si este maravilloso actor juega al rol de ser director que se atenga a las consecuencias, debía de haber pensado mejor en la concepción de su película; Sean, si decides mostrar la realidad por la realidad en un todo por el todo estético con la fuerza de la naturaleza no puedes cagarla en un error de apreciación como es el detonante de la muerte de Chris: la raíz de la planta Hedysarum Alpinum, no la Hedysarum Mckenziie (guisantes silvestres de cariz venenoso) ni la que venía en la ilustración de Tanaina Plantore.