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Una terrorífica decepción
Existen ciertas películas que acudes a ver con una inusitada expectación. En los últimos tiempos y dentro del género de terror encuadraría dentro de este grupo tanto a 28 semanas después como a El diario de los muertos. Película decepcionante -por las altas expctativas levantadas- aunque no mala la primera, terriblemente desilusionante la segunda. Un guión de parvulario, unos pésimos actores y tópico tras tópico, ni asusta -algo que se presupone a un film de terror-, ni sorprende, ni anima a la reflexión -algo clásico en una película apocalíptica-. Simplemente no dice nada. El discurso trillado de Romero empieza a agotar la paciencia incluso de sus más acérrimos fans y ni tan siquiera unos sorprendentes efectos visuales logran nivelar la balanza. El uso de la cámara en primera persona es sencillamente exasperante y se extiende como la peste por el ramo. Una cosa es su uso concreto en una escena buscando un mayor suspense -me remito a la propia 28 semanas después-, pero el abuso del recurso huele ya a chamusquina. Agotado el filón del terror clásico, de la influencia japonesa e incluso del refrito yanki-adolescente, ¿qué queda para revivir un género tan vilipendiado como el del cine del terror? Ni tan siquiera un flojo Balagueró sorprende ya al público curtido.
Valerius Tenax 
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