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INVEROSÍMIL
Otra especie de tomadura de pelo por parte de Spielberg que, al parecer, se tiene creído que los espectadores somos niños de pecho que nos creemos cualquier giro argumental de escasa credibilidad. Encima, el director se pone en plan listillo con esta chorrada y nos presenta a uno de los personajes más detestables de su igualmente detestable filmografía.
No voy a negar que entretiene, y que el estilo cinematográfico que emplea me resultó impecable, pero nada de eso puede esconder la realidad innegable de que el film es, en su fondo, una estupidez monumental.
Lo que me pasa con Tom Hanks es difícil de explicar. Yo creo que será una cuestión de piel: es verlo y empezar a pegar pataditas nerviosas y a desear que desaparezca. Este film, sin embargo, es una excepción, porque su labor me pareció, cuando menos, satisfactoria, e incluso agradable. Claro, lo que sucede es que, al lado de la paupérrima labor de Leonardo Di Caprio, cualquier palurdo parece tener el registro interpretativo de un Laurence Olivier o de un Spencer Tracy, pero bueno, que puedo soportarme a Hanks en este film, y esto se debe al perfil noble y luchador que Spielberg traza para su personaje.
Supongo que a la mayoría de los espectadores que puntúan positivamente a este chistecito de Spielberg les debe flipar el personaje principal, e incluso es probable que se traguen las patrañas que el bueno de Steven nos quiere hacer tragar (que se trata de una historia real y todo eso). Yo, por mi parte, he llegado a sentir verdadera aversión por Frank Abacnale. Y es que el director le da unos aires de listillo y de mente prodigio que resultan realmente repugnantes. Me da la impresión de que ahí radica el error de Spielberg: el hacer parecer al resto de los personajes (incluido el genial policía encarnado por Hanks) como a unos pardillos ignorantes, mientras Di Caprio los pasa por encima como quiere.
El guión tiene una cantidad de salidas fáciles e inexplicables que son marca de la casa en el cine de Spielberg (como, por ejemplo, la consecución de la licencia de vuelo, la identificación de piloto y muchas otras más). Lo del diploma de Harvard debe de ser sonrojante para Spielberg cada vez que un buen amigo se lo menciona en una reunión: no hay quien se lo crea.
Las escenas finales, que sobraban, dejan a las claras otra vez lo chapuzas que puede llegar a ser este director a la hora de resolver sus films, siempre con esa intención incomprensible de dejar un mensaje, en este caso muy nefasto: la justicia no funciona, y debemos alegrarnos de que así sea.
Spielberg demuestra otra vez su talento para atrapar al espectador, porque el film no tiene momentos aburridos ni tediosos, aunque sí muy exagerados. El tratamiento fotográfico a cargo de Kaminski es, en este caso, discreto aunque acertado, lo mismo que el de Williams en la banda sonora, que sin brillar demuestra parte de su calidad.
LO PEOR: Lo inverosímil de la trama.
LO MEJOR: Las actuaciones de Walken y Sheen.
LEANDRO PINTO 
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