Quizá la película que más veces he vuelto a ver, que más he recomendado, y seguiré disfrutando mientras viva, una ópera de poderosos momentos cinematográficos concentrados en una sola cinta, que ha guiado mi camino a través del séptimo arte.
Se trata quizá del más existencial, crudo, y memorable retrato de la soledad humana encallada en la vida de una persona común.
De Niro, en Taxi Driver (1976), sólo hace un pronóstico eficaz de lo que sucedería con su actuación en ¨El toro salvaje¨(1980), -ambas del maestro Scorsese- en la que interpreta al boxeador Jack La Motta; brillante y ejemplar perfomance por la cual recibiría el oscar a mejor actor principal. En tanto aquí, montado en su coche venal, es Travis Bickle, un ex combatiente de Vietnam que intenta ganarse la vida de algún modo, a la par de intentar readaptarse a la sociedad enfrentandose codo a codo a su soledad. Se hace taxista y transita los barrios peligrosos de Nueva York, rescatando a su paso gritos de miseria cristalizados en el tiempo, e imágenes de podredumbre que sólo incrementan su depresión.
spoiler:
Notable la sensación producida en mi pecho al revivir la escena del vaso con el ácido disolviéndose y haciendo burbujas, con un Travis prácticamente abstraído, reducido y visto totalmente como un niño absorto y desprotegido. Sus amigos en la cafetería eran tan sólo cuadros en una pared.
Travis es, en muchos momentos, larga ira contenida, rabia que posterga su razón cuando, por ejemplo, pretende dar muerte a un hombre de política. Su fiebre es entendible más, en nuestro sano juicio, es algo que no imitaríamos... Aunque se nos enfríe el corazón por hacerlo.