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Un pedazito de cariño
Hay películas que tratan de amor, pero pocas tratan lo que cuenta esta cinta. Hablamos de ese amor, que surge a partir de la soledad de ambos, de ese amor, que no se siente, uno lo puede respirar en el aire, pero solo respirar, ya que ese amor le entra a uno por los pulmones hasta el mismo corazón, pero que no lo expira para que la otra persona lo huela de su ser. Hablamos de eso, eso tan difícil de contar, que en esta historía se nos presenta, como relámpago del cielo. Qué sensaciones le producen a uno esta película, que grandes, que buenas, y a la vez tan tristes, tan solas, tan sonámbulas, como sus dos protagonistas perdidos que se baten a sí mismos en una lucha contra la soledad, contra lo cotiadiano, contra sus tristes y monotonas vidas. Por un lado un hombre maduro, y por el otro un ventiañera. Ambos compartirán en la calle de ese Tokio tan magnífico y tan solo sus problemas de nocturnidad, y es ahí en esas escenas cuando uno puede oler ese olor tan raro, y tan agradable, ese olor tan difícil de describir, el olor a amor, a pasión, al miedo a quererse, pero que sus vidas intentan taparlo con el olor a monotonía. Sólo hasta que el uno ve que no va a ver más al otro es cuando se esparce el tarro de olores y colores, asitiendo a un final que nos inunda, nos desborda. En esto consiste la película, en lo que es tan difícil de contar. Gracias Soffia.
David Corvillo Garzón
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