Travis Henderson desciende “de Orfeo, que marcaba la cadencia de remo de los Argonautas y que bajó al infierno y volvió a subir, menos vivo que antes de la hazaña, pero vivo al fin y al cabo.” (*)
Travis entrevió la figura de Eurídice, fugaz y temblorosa, detrás de la pantalla infranqueable de un peep show. No quiso ni girarse para ver de cerca aquella sepultura.
Su llanto enternecía hasta las fieras.
Comprendió que una forma del amor es la renuncia, el exilio profundo e interior.
Orfeo ya no canta. Sólo escucha la lira de Ry Cooder.
spoiler:
(*) La mejor banda ['Entre paréntesis', de Roberto Bolaño]