Muchos hablan de la mejor película de Guillermo del Toro. Posiblemente sea la más completa del director mexicano junto a sus mejores trabajos; hablo de su vampírica opera prima (“Cronos”) y su granito de piedra al mundo de las adaptaciones del comic en forma de superhéroe alternativo (“Hellboy”).
No hablo de las fallidas “Mimic” (y de ese mediocre final) o de la turbadora “El espinazo del diablo”. Aterradora simplemente porque contenía la secuencia de necrofilia más espeluznante de todo el cine español: sexo entre Eduardo Noriega y Marisa Parades. Simplemente traumático, ¿verdad?
Tampoco comento su otra aportación al mundo de las adaptaciones de comics en forma de secuela (“Blade II”), que aunque es la mejor de la tres (con permiso de los diez minutos iniciales de la primera), es un bodriete en toda regla. Al menos para un servidor.
“El laberinto del fauno” destaca por su sencillez y acierto. Un grupo de personas “maduritas” comentaban a la salida del cine: “¡pero si está rodada entera en un pinar!”. Razón no les falta. El hecho es que ha costado la mitad que “Alatriste” y da el doble de pego. Sobre todo por su maquillaje y efectos visuales.
Tal vez todas las películas Guillermo del Toro se puedan analizar como extraños cuentos o fábulas retorcidas con esos toques fantasiosos.
En este antepone esa fantasía de cuento de hadas infantil a la barbarie que desprenden los hechos que se producen alrededor de la protagonista. Todo un acierto: amplificar la violencia y crueldad en la realidad con mucha hemoglobina y mitigarla (o equipararla) en mundo onírico a modo de paralelismo y escape para su protagonista.
También desprende ese maniqueísmo tan común en los cuentos. En ensalzar a límites agonizantes la maldad del villano; aunque tampoco convierte a los maquis en héroes, simplemente en supervivientes de una guerra perdida y que “sueñan” con una revalida que nunca se producirá.
Aunque “El laberinto del fauno” me parece un tan inquietante como estupendo cuento para adultos se queda a un paso para emocionarme, para que empieza a considerarla totalmente redonda, para empezar a amarla. Tal vez se deba a los siguientes momentos (ver spoiler):
spoiler:
1º) Voy a ser cruel, cabrón o como quieran llamarme gentilmente. El mejor momento de humor negro y crueldad sin límites se produce cuando el pobre tartamudo intenta contar hasta tres para conseguir la libertad. Si en ese instante alguien no odia al torturador de Sergi Lopez pertenece a la ultraderecha más radical o un maqui tartaja le mató a un familiar.
2º) Me ha encantado Sergi Lopez caracterizado como el “1/2 Joker” dándose esos perfectos puntos el solito. Aunque como bien me indicó mi amigo kaliyuga los puntos se los debería dar desde el interior de la cara hasta los labios.
3º) Momento LOTR: Maribel Verdú rodeada de los ocho jinetes negros “franquistas” y empuñando su “dardo” en forma de amenazante navaja toledana. Irrisoriamente divertido.
4º) La aparición final de Federico Luppi. Me entro el ataque de risa final porque sin saberlo ni haber ojeado el casting, estaba en todas mis quinielas. Le faltó decir aquello de... "Yo soy tu padre".