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Desayuno con peyote. O cómo Hepburn se convirtió en icono interpretando a Paris Hilton
Iba a intentar algo complicado; escribir una opinión sobre una película que me ha resultado pésima, sin que se note la bilis asomando por las comisuras de mi nick. Pero qué va, imposible.
Tan sólo diré que el personaje de Audrey Hepburn debería morir de manera lenta y dolorosa. Una pena, porque esta actriz me suele caer simpática, y aquí consigue que me entren ganas de patearle la cabeza. Para muestra, véase el episodio con el marido tejano. Calificarlo de gilipollez suprema sería quedarse corto.
Únicamente Blake Edwards, con una dirección dinámica y ágil, y la música de Henry Mancini consiguen salvar algo los muebles. Todo lo demás me parece despreciable.
El bigotazo de Josh Brolin 
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