En una guerra unos buscan sobrevivir (y si tienes hombres a tu cargo, intentarán que ellos sobrevivan también) y otros buscan la gloria. A estos se les suele llamar héroes, pero un héroe es un hombre muerto, y un hombre muerto es 0, así que más vales sobrevivir que caer y que te cuelguen medallas.
Pekinpah rodando cine bélico se siente en su salsa y despliega todo su catalogo de casquería fina a cámara lenta; Disparos, puñaladas y cañonazos se van sucediendo en un guión algo flojo pero que tiene el acierto de no mostrar a los soldados alemanes como cabronazos con el seso sorbido por el partido NAZI y si como soldados desencantados, abatidos, que actúan casi por inercia y marcados por una guerra que se les muestra cada vez más absurda e imposible de ganar.
spoiler:
Por cierto cómo mola que Corbun acabe con los dos mamones de turno. Al primero lo tirotea sin piedad. En las películas de Peckinpah no existe la piedad y siempre se ejecutan las venganzas, como por ejemplo en quiero la cabeza de Alfredo García. Y al segundo le muestra la mierda de aristocracia alemana a la que pertenece y le deja entre risotadas aprendiendo a cargar su arma (crack).
Como punto en contra de la película señalaría la aparición del niño y su horrenda armónica y los demás niños que aparecen al principio, un recurso para conmover algo sacado de la manga.