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El siguiente(s) usuario(s):
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Voto de Vivoleyendo:
8
Voto de Vivoleyendo:
8
7,3
25.031
22 de junio de 2008
22 de junio de 2008
58 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es una de esas películas que consiguen que te sientas sucio por dentro. Que el aire que respiras parezca viciado, malsano, tóxico. Que tengas que levantarte y abrir las ventanas obsesivamente, tal vez en un acto reflejo de intentar dejar salir el veneno que se te ha metido en los pulmones y en la sangre.
Esta es una de esas películas que, tras verla, te hace sentir que el día se ha oscurecido y necesitas salir al sol y recordarte que aún quedan cosas luminosas, sencillas, hermosas y limpias. Que tú sigues siendo tú, que no te has transformado en un monstruo plagado de hirientes obsesiones y de cortantes heridas en el alma que te incitan a destruirte.
Porque la pianista de esta historia vaga como un alma en pena, tan sola, tan terriblemente sola, tan perdida, con un afán de autodestrucción tal, que busca caminos extremos, aberrantes y monstruosos para arrojar de alguna forma al exterior todo su caudal de desesperación.
Toda su rigidez, su dureza de profesora exigente, sus maneras frías y distantes, son su mensaje con el que grita al mundo su soledad, su hastío de vivir una vida tan áspera con la única compañía de una madre demasiado controladora y asfixiante, de una interminable sucesión de días en los que sólo encuentra el aliciente de autolesionarse y de escapar unas horas al férreo control materno para dar rienda suelta a sus inclinaciones de voyeur sexual, con culpables tendencias sadomasoquistas.
Esta es una de esas películas que, tras verla, te hace sentir que el día se ha oscurecido y necesitas salir al sol y recordarte que aún quedan cosas luminosas, sencillas, hermosas y limpias. Que tú sigues siendo tú, que no te has transformado en un monstruo plagado de hirientes obsesiones y de cortantes heridas en el alma que te incitan a destruirte.
Porque la pianista de esta historia vaga como un alma en pena, tan sola, tan terriblemente sola, tan perdida, con un afán de autodestrucción tal, que busca caminos extremos, aberrantes y monstruosos para arrojar de alguna forma al exterior todo su caudal de desesperación.
Toda su rigidez, su dureza de profesora exigente, sus maneras frías y distantes, son su mensaje con el que grita al mundo su soledad, su hastío de vivir una vida tan áspera con la única compañía de una madre demasiado controladora y asfixiante, de una interminable sucesión de días en los que sólo encuentra el aliciente de autolesionarse y de escapar unas horas al férreo control materno para dar rienda suelta a sus inclinaciones de voyeur sexual, con culpables tendencias sadomasoquistas.

Isabelle Huppert
Su enfermizo y retorcido acercamiento al amor y a su reprimida sexualidad chocarán de frente con la irrupción de un joven de carácter abierto...
Un crudamente retratado hundimiento en una extraña relación angustiosa, frustrante y descarnada. En un descenso entre alambres de espinas que desgarra durante el trayecto, viajando entre tumbos hacia lo más siniestro, patético, tortuoso y frágil del interior humano.
Una incursión muy dolorosa en el alma de una mujer atormentada y, por extensión, en las obsesiones de cualquier alma lastimada, que deja una dura huella en quienes somos testigos de tanta desolación.
Un crudamente retratado hundimiento en una extraña relación angustiosa, frustrante y descarnada. En un descenso entre alambres de espinas que desgarra durante el trayecto, viajando entre tumbos hacia lo más siniestro, patético, tortuoso y frágil del interior humano.
Una incursión muy dolorosa en el alma de una mujer atormentada y, por extensión, en las obsesiones de cualquier alma lastimada, que deja una dura huella en quienes somos testigos de tanta desolación.
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