|
Reveladora
Los Friedmans, una familia aparentemente ejemplar, funcional y americana: un padre profesor una madre y tres hijos, casa con jardín, buena educación, buen barrio... ; cumple todas las espectativas requeridas por la clase media americana.
Como todos sabemos la familia es un pilar central de la educación, y ésta es un eje básico de control social, la educación nos orienta en el mundo y nos inculca unos valores determinados en detrimento de otros. La importancia de la socialización radica en crear a futuros americanos con espectativas de vida americanas, con hábitos de consumo americanos y por supuesto con unos valores y una moral cristiana.
Las nuevas generaciones garantizan la continuidad de los grupos sociales. Los niños simbolizan un valor social y estratégico muy preciado en las sociedades avanzadas. De ahí su estatus de intocables en materia de sexualidad.
Cuando de pronto el núcleo familiar de los Friedmans se revela como una posible familia disfuncional, con poder potencial para socializar, educar y sodomizar a otros niños de la comunidad, esto desata la histeria colectiva; y el aparato de control del estado no sabe (o no quiere) gestionar el suceso bajo la presunción de inocencia.
La relevancia mediática de un tema tan sensible como el de la pederastia, se consolida como un productor brutal de noticias para los medios; y estos bombardean a la opinión pública con todo tipo de especulaciones y dramatizaciones (muy típico de los medios masivos mercantilizados, que la única ética que siguen es la de las audiencias).
La policía y el poder judicial, debido a la fuerte presencia en la agenda mediática del caso de los Friedmans, se encuentran presionados por una opinión pública presa del pánico y visceral que clama por la cabeza de Arnold y Jesse Friedmans. La juez del caso dijo textualmente: “Nunca tuve ninguna duda de su culpabilidad” y eso teniendo en cuenta que no había ni una sola evidéncia física de los hechos, y que los interrogatorios a los niños se hicieron de forma tendenciosa.
En el documental podemos ver como el concepto pederasta (Arnold lo era) está injustamente asociado al de violador, y como en un estado de derecho se puede llegar manufacturar la realidad. La autosugestión y el refuerzo de unas creencias determinadas, puede hacer que unos padres, un interrogatorio, unas sesiones de hipnosis o una declaración en un juicio, hagan de algo que nunca paso se convierta en una realidad traumática.
Es curioso ver como de unas repulsivas revistas de pornografía infantil se destruye literalmente una familia desde sus cimientos y como tristemente un estado de derecho es víctima de los sesgos valorativos y emocionales de los miembros que lo componen.
Interesantísimo documento sobre la experiencia apocalíptica que vive de forma incrédula una familia debido al pánico de una sociedad a la sexualidad de los preadultos.
escomocrepe 
|