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Retrato de la alta fauna neoyorquina
Una de las claras referencias de esta adaptación literaria es el clásico de Disney, ‘Mary Poppins’, así se ve en la temática y en los abundantes guiños hacia el filme de Stevenson. Pero sería un error catalogar al personaje de Annie Bradock como la Mary Poppins del siglo XXI. A pesar del hecho de compartir profesión, los objetivos que persiguen ambas películas no tienen nada que ver. Si la cinta de Stevenson es recordada como una de las grandes en el género familiar, ‘Diario de una niñera’ en un principio pretende serlo por suponer un ácido retrato de una “fauna” de lo más peculiar: la clase alta residente neoyorquina.
Es aquí donde se halla el punto fuerte. La primera mitad del metraje arranca ciertamente bien, con una puesta en escena bastante dinámica y desenfadada. Lo divertido es ver a la pobre Johansson (y al resto de niñeras) asistir al desfile de personajes y situaciones descaradamente estrambóticas, pero no obstante que huelen a apestosa realidad. El gran triunfo de la pareja Pulcini & Berman consiste en el dibujo de esta clase social, que constituye un mundo encerrado en sí mismo y podrido por dentro. Una podredumbre que salta a la vista, a pesar de las toneladas de botox y los miles de dólares gastados en joyas y casas lujosas.
Todas estas buenas maneras desaparecen inexplicablemente a la hora de metraje. A partir de aquí se opta por el camino fácil. Aparece el chico apuesto, la chica se fija en él… y ya se ha echado todo a perder. A parte de centrarse demasiado en la insulsa historia de amor (con nula química entre los actores), Scarlett Johansson acaba adueñándose demasiado de la acción. Algo que por otra parte era previsible, pero después de diez soporíferos minutos inmersos en los problemas personales de Annie, uno acaba dándose cuenta que a quien quiere ver en realidad es al matrimonio X: Laura Linney y Paul Giamatti, los verdaderos amos del espectáculo.
Con un desenlace decepcionantemente descafeinado, ‘Diario de una niñera’ acaba convirtiéndose en la película que “podría haber llegado a ser…”. Un trabajo que al principio apunta muy alto, pero que al final no lleva a ninguna parte. Se queda como un título entretenido a ratos, pero irremediablemente olvidable. Lástima.
reporter 
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