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Fábula de dos soledades.
Un hombre (Auteuil) que se dedica a lanzar cuchillos en diversos espectáculos salva a una chica (Paradis) del suicidio al sacarla del agua cuando ésta se arroja desde un puente del Sena en París.
Leconte muestra el encuentro entre dos soledades, que en su fusión se complementan aceptablemente para poder seguir tirando del carro de la vida. Y Leconte lo hace a modo de fábula moderna rodada premeditadamente en blanco y negro para insinuar los desajustes borrosos del amor, la amistad y la felicidad, y perfila bien a los dos personajes: él, cerebral, frío, aunque en el fondo desequilibrado también; ella, inconsistente, vólatil y demasiado cariñosa. Hay secuencias hermosas en el conjunto de la película, como todas aquellas en las que Auteuil lanza los cuchillos sobre Paradis, casi sin mirar, hiriéndola a veces tan livianamente que se lo cura con un simple apósito.
Y una pregunta final parece querer transmitir Leconte: ¿quién salva a quién del suicidio, del final, del naufragio definitivo?.
kafka 
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