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ACERCA DE LOS CLÁSICOS
Cuando uno dice "clásico" dice varias cosas:
a) por un lado, se refiere a una categoría de productos estéticos que han entrado al canon, o sea, se les ha conferido un estatus cultural (algo así como: lo viejo es valioso por el sólo hecho de ser un testimonio);
b) por otra parte, nos referimos a una pretendida "eternidad" de los valores estéticos de esos productos... (algo así como: lo viejo valioso es imperecedero);
c) también, cuando decimos clásico, nos referimos a un corpus de la producción cultural occidental que no ha perdido validez en sus propuestas ideológicas (sean estas estéticas, sociales, políticas, etc.), se trata de productos que todavía dicen cosas a quien quiera oírlas;
d) también, clásico es sinónimo de aburrimiento, pesadez, vetustez, y otros agravios.
CASABLANCA y otros clásicos, que son comentados este sitio, reciben estas miradas una y otra vez. El grosor de esta mirada de los cinéfilos garantiza por sí sola, en su multiplicidad y polifonía, en su apasionamiento, la validez de "lo clásico". Clásico, en definitiva (y es esta la única de las definiciones que rescato de arriba) es aquello que tiene validez ideológica vibrante, porque en él convergen tanto las miradas que lo reducen a un "monumento pétreo" (la mirada academizante) como las miradas que lo reducen a una mera instancia de desfallecimiento (el aburrimiento, que no es otra cosa que el reverso del placer, pero no su antítesis), y todas las otras, menos eufóricas pero quizá más lúcidas, que vibran entre esos extremos.
M.ROZSA 
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