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6,6
49.461
Thriller. Acción. Romance
Micky y Mallory, una pareja poco convencional de jovenes amantes, sienten que han nacido para matar: son dos despiadados criminales que tienen atemorizada a la población. El presentador de un programa sensacionalista decide aprovechar la fascinación que su personalidad ejerce sobre el público para convertir a los asesinos en héroes televisivos. (FILMAFFINITY)
26 de enero de 2007
26 de enero de 2007
56 de 93 usuarios han encontrado esta crítica útil
Oliver Stone juega a ser Tony Scott con guión del mismísimo Tarantino. ¿Resultado? Pilar Miró desertó de la sala de proyección a mitad de película.
Esta pequeña anécdota consituye un buen ejemplo de lo que se puede esperar de un film como éste: la disparidad, aplicable por extensión a casi todo el cine de Stone, de si lo amas o lo odias, se hace patente en sus erráticas imágenes. Un cúmulo de referencias culturales entre las que sobrasale, con indiscutible autoridad, la vena más grunge del cine americano. Grunge, grunge, grunge... todas los planos quedan impregnados de esta pegajosa esencia. El mundo se va al carajo, los padres son el ejemplo a evitar, el orden social coarta la libertad individual, y la televisión ha pasado a convertirse en la religión dominante. La juventud está perdida. Sólo hay una elección posible: matar... o morir de aburrimiento.
En esta ocasión, el característico estilo videoclipero de Stone, que tan buenos resultados le diera en su anterior "JFK" o, posteriormente, en "Un domingo cualquiera", no acaba de funcionar. Ya sea, bien por la superficialidad del argumento, bien porque los árboles (la secuoya "planificación"; el abeto "montaje") no le dejan ver el bosque. En consecuencia, las interpretaciones de Woody Harrelson, Juliette Lewis, Tom Sizemore (que también participara en otro de los guiones tarantinianos con director ajeno; "Amor a quemarropa") y Tommy Lee Jones, quedan sepultadas bajo un torrente de filtros y canciones de punk-rock. El único que sale algo airoso del embrollo, aunque más por méritos propios que por ayuda del director, es el siempre genial Robert Downey Jr.
Esta pequeña anécdota consituye un buen ejemplo de lo que se puede esperar de un film como éste: la disparidad, aplicable por extensión a casi todo el cine de Stone, de si lo amas o lo odias, se hace patente en sus erráticas imágenes. Un cúmulo de referencias culturales entre las que sobrasale, con indiscutible autoridad, la vena más grunge del cine americano. Grunge, grunge, grunge... todas los planos quedan impregnados de esta pegajosa esencia. El mundo se va al carajo, los padres son el ejemplo a evitar, el orden social coarta la libertad individual, y la televisión ha pasado a convertirse en la religión dominante. La juventud está perdida. Sólo hay una elección posible: matar... o morir de aburrimiento.
En esta ocasión, el característico estilo videoclipero de Stone, que tan buenos resultados le diera en su anterior "JFK" o, posteriormente, en "Un domingo cualquiera", no acaba de funcionar. Ya sea, bien por la superficialidad del argumento, bien porque los árboles (la secuoya "planificación"; el abeto "montaje") no le dejan ver el bosque. En consecuencia, las interpretaciones de Woody Harrelson, Juliette Lewis, Tom Sizemore (que también participara en otro de los guiones tarantinianos con director ajeno; "Amor a quemarropa") y Tommy Lee Jones, quedan sepultadas bajo un torrente de filtros y canciones de punk-rock. El único que sale algo airoso del embrollo, aunque más por méritos propios que por ayuda del director, es el siempre genial Robert Downey Jr.

Por lo demás, la duración excesiva de algunas escenas redondea el conjunto de hándicaps. Y no se me ocurre qué otra cosa añadir, salvo que la peli, pese a todo, entretiene. En cualquier caso, a Stone le he visto hilar más fino en otras ocasiones, como, por ejemplo, "Giro al infierno" (U-Turn) o la ya mencionada Un domingo cualquiera. Natural Born Killers, por contra, pretende impactar y acaba resultando reiterativa. Una lástima.
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