Hay pocos directores que consigan crear un envoltorio técnico tan perfecto, a la vez que introducir una historia de amor tan bonita, paradigma de belleza fílmica pero que sin embargo es utilizado para fines políticos como hace David Lean en su “Doctor Zhivago”. Porque el error es considerar esta película una mera historia de amor sino que esencialmente se trata de un manifiesto ideológico.
Y además no se hace de soslayo, al contrario, propongo a cualquiera que contabilice el número de minutos que dedica a la opinión puramente política de lo que era la U.R.S.S. y a los que dedica a la historia de amor y verá como gana por mayoría el primer ejemplo.
Nunca entendí como algunos pseudocinéfilos politizados criticaban a John Ford por sus presuntos mensajes derechistas. Las películas de David Lean –sobre todos las superproducciones- son veintemil veces más tendenciosas que las de Ford, pero parece molestar menos porque es inglés y las adorna en dramas románticos mientras el norteamericano aborda temas más militarizados por lo que resultan más directos.
Cualquiera que lea mis críticas sabrá que no me gustan mucho las películas de trinchera, y que reparto de igual forma a unos y a otros, aunque evidentemente en nuestros días y sobre todo en España sólo se hacen de un color, por lo que me centro más en ellos.
La guerra fría fue complicada para todo el mundo, pero sobre todo para la objetividad –que sí existe, pero hay que poner algo de voluntad, cosa que no veo actualmente- y obras como “Doctor Zhivago” se encuentra enmarcada dentro de lo que llamamos arte-propaganda.
Como todo el mundo sabe la película se basa en una obra de Boris Pasternak, escritor que perteneció al `establishment' del régimen durante toda la revolución y que estuvo en primera fila hasta finales de los años 30 y aunque es cierto que se fue distanciando del sistema (o el sistema de él) no podemos decir que los problemas reales que le afectaron no aparecieron hasta los años 50.
Hay pocos casos en la historia de la literatura donde de forma flagrante la C.I.A. estuviera detrás de la concesión de tal premio. Pero este es uno de ellos. Hasta cierto punto es normal que en Moscú no les gustase lo que se hizo y se prohibiese el libro, igual que los norteamericanos prohibían los guiones de Trumbo. Y es que toda la historia de la traducción del libro, la llegada a Nueva York de la obra y la inmediata posición de best-seller, y el correspondiente galardón del Premio Nobel es más política que literatura. Y eso que la novela es buena, muy buena diría yo. Por cierto que los poemas que incluye el libro como obra de Jivago –que es como habría que escribirlo- que evidentemente son del propio Pasternak no son tan románticos y sí religiosos y cristianos, por si alguien se lleva una desilusión.
spoiler:
Pero que quede claro que la bibliografía de Pasternak no estaba prohibida en la U.R.S.S. hasta después del Nobel en 1958 y con motivos políticos más que justificados –para la forma de entender la vida de esta gente, no para mi-.
Pasternak nunca llegó a ver la película de Lean, murió cinco años antes, aunque me imagino que le hubiese gustado, como a todos. Y eso que como era de esperar se obvia y se trastoca lo que interesa, por ejemplo toda la parte introductoria donde parece un magnífico retrato de las miserias del zarismo en la película no aparece sino algún pequeño apunte por boca de alguien, pero pobreza y miseria nada de nada. Eso después, con los soviets en el poder. Además en la película Zhivago aparece más como un caballero artúrico mientras en la novela es un hombre envuelto en las circunstancias históricas y tiene que mancharse las manos de sangre y comer carne...humana, sí canibalismo y además de niño.
Volviendo a la película en sí, no cabe duda que si hablamos de superproducciones en esta encontramos el verdadero sentido de esa palabra, y sin ningún tipo de dudas estaría entre las diez más perfectas de todos los tiempos, es muy difícil encontrar una factura y un acabado más meritorio. Cada fotograma de Freddie Young y Nicolas Roeg es un cuadro en sí mismo, igual que la banda sonora de Maurice Jarre de las mejores de la historia del cine aunque el tema de Lara es de Ray Conniff, aunque personalmente lo más perfecto me parece todos los decorados y puesta en escena, que supera a todas las películas de David Lean.
Los actores muy correctos, me quedo con la belleza de Julie Christie, que de actriz de moda en los sesenta desapareció del panorama demasiado pronto, debido a que no se marchó a Hollywood y prefirió el cine británico, Omar Shariff que aunque no me creo su papel por lo menos transmite fuerza y emotividad y sobre todo con Rod Steiger que hace la mejor interpretación de la película. A Alec Guiness su papel de inexpresivo comunista igual que a Tom Courtenay de pérfido bolchevique la cosa no les permite mucho más. La Chaplin enchufada está por ahí.
Obra cinematográfica de primera magnitud puesta al servicio de intereses políticos para denunciar lo salvaje e inhumanos que habían sido y eran los demonios comunistas. O lo que es lo mismo no estará nunca ente mis películas favoritas.
Nota: 7,8.