Es una película simpática, llevadera, que se deja ver con gusto. Pero tiene tres problemas fundamentales:
1 La carencia de sex-appeal de Julie Andrews. Ni como Julie, ni como Julio. No es una mujer fea, ni mucho menos, pero seguro que tampoco iba levantando pasiones entre los hombres. Mucho me temo, como dijo en su día Frances McDormand, que el papel se lo han dado por acostarse con el director.
2 El sentido del humor de Blake Edwards ha envejecido muchísimo. En otras películas se nota menos por la presencia hilarante y atemporal de Peter Sellers, pero aquí los tropezones, las caídas y las tartas sólo hacen reír a los niños. De esto a LA HORA CHANANTE han pasado siglos.
3 (ver spoiler)
Lo mejor de la película, sin duda, el papelón de Robert Preston. Un gay creíble, comedido, con las dosis justas de pluma.
Magnífico, vero
spoiler:
3 Un final tontorrón, simplón. El equívoco sexual daba para mucho más. Ese mismo año, sin ir más lejos, estaba TOOTSIE con un argumento similar, y la resolución del enredo es modélica, lógica, descacharrante.