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Los viejos progres nunca mueren.
Robert Redford utiliza un lenguaje sencillo y eficaz para describir en el cruce de tres historias la actual realidad de la política norteamericana, en manos de los "neocon", que dosifican los miedos y las necesidades de la realidad de occidente y sus fantasmas de terrorismo y otras paranoias de una clase media conservadora y timorata.
El viejo "progre" que el mismo Redford interpreta, se encarga de hilvanar la trama metafórica de esa realidad que hace que se sacrifiquen las minorías marginadas, bajo la contemplación, a menudo desinteresada y autista de los privilegiados, que disfrutan de su estatus sin otros esfuerzos que el de "estar ahí".
Al mismo tiempo, se desarrolla el discurso, no por conocido y tópico, menos manipulador y oportunista, que se encarga de transmitirnos un senador "neocon" que interpreta Tom Cruise en una (casi) caricatura de si mismo, que se explica y se justifica ante una soberbia y siempre eficaz Meryl Streep, cuyo personaje de periodista se debate entre sus convicciones de estudiante de los sesenta y las servidumbres de su presente como periodista de éxito.
Las preguntas quedan en el aire, pero las evidencias también: Nos manipulan; no vamos a ninguna parte y los sacrificados siempre son los mismos.
Un discurso comprometido, que añora los idealismos "progres" de los años sesenta, para abominar de la realidad de un hoy desprovisto de ellos y de generosidad, elaborado de manera ágil y eficaz y con buenas dosis de inteligencia y excelentes interpretaciones a cargo de consagrados actores y actrices, como Redford, Cruise y Streep y eficaces secundarios.
Un excelente film, atípico en la industria norteamericana, coyuntural como un noticiario, y que se clava en la columna vertebral del sistema USA, como saeta en forma de ácida crítica a un momento histórico que merece una serena reflexión, como la que nos propone el viejo "progre" Robert Redford.
Totalmente recomendable para aquellos que quieran y sepan ver.
Ramsés 
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