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Alegoría al verdadero significado de vivir.
Prodigiosa cinta del gran Jacques Tati, que construye un personaje similar al de Charlot, de Charles Chaplin para hacer una revisión y una fuerte crítica a la modernización exagerada de la sociedad causada por el auge del consumismo en cosas cada vez más inútiles e innecesárias.
La historia nos coloca ante una família adinerada formada por los padres y el niño. El padre, como cabeza de família, se ocupa de traer el dinero a casa y de intentar gozar de una imagen prodigiosa y prevalecedora ante todo su entorno. La madre es la típica ama de casa que tiene la estúpida necesidad de lucirse y de mostrar a todas sus vecinas la alta tecnologia y comodidad que luce en su casa tratando de llenar de envidia a sus supuestas amigas. En el otro lado, tenemos al hijo, un niño de lo más simpático y tierno aburrido de la necia vida de sus padres plagada de falsedad e hipocresía, ni siquiera el dinero que su padre se gasta en juguetes puede hacerle mínimamente feliz. Suerte que el chico cuenta con sus amigos, con los que puede gozar y llevar una infancia de lo más gozosa y de lo más normal, alejada del mecanicismo y del consumismo exagerado de sus padres.
El niño además cuenta con su tío, interpretado soberbiamente con Jacques Tati, que emplea su personaje como alguien totalmente ajeno a la aburrida e hipócrita vida de su hermana y de su cuñado mostrando al chico los valores y las cosas por las que verdaderamente merece la pena vivir.
A través de la simpatía y de la frescura del personaje de Tati, el espectador se sumerge en un sinfín de situaciones delirantes y muy bien pensadas donde nos coloca a un tierno personaje que no pega ni con cola con el lugúbre ambiente que viven sus parientes más cercanos, donde refleja la estúpidez y la falsedad de la sociedad y de la necesidad de ésta de lucirse y quedar bien delante de los demás con inútiles aparatos y cachivaches cada uno más grotesco, ruidoso y exagerado sin utilidad alguna salvo la de molestar.
Una obra de lo más tierna que llena por mostrar el verdadero calor y el significado del tacto y del cariño humano, plagado de sentiminetos y de buenas intenciones. No cabe la menor duda de que estamos ante una de las obras humanistas más importantes que ha podido ofrecer jamás el cine gracias a su alto contenido pedagógico y la importáncia de preservar las verdaderas amistades.
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