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La excelencia del beso, el poder invisible
Es sin duda Kiduck Kim el dueño de los silencios, de los diálogos sin palabras. Con este trabajo consigue una hora y media de eterno disfrute, un placer. Fotografía muy lograda con detalles muy especiales en los rostros. La banda sonora no tiene desperdicio, transmite un bienestar y unas sensaciones de tranquilidad emocional desbordantes. Y la magia de los planos y las ideas imposibles pero entrañables (y que no provocan incredulidad) a cargo de la dirección. Sin que falte un homenaje al maravilloso Seung-yeon Lee.
La película se convierte en pocos minutos en un enfrentamiento con la realidad. Provoca una gran fuerza anti-sistema, entendida desde el más puro deseo de libertad emocional. El amor es una vía de escape. O un escape en sí mismo, con ayuda de la voluntad de la imaginación. Todo es imposible si nos lo pintan tal como se ve, pero han hendiduras por las que dejarse caer.
Totalmente recomendable. No hay que esperar acción, sólo la acción del deseo, y buscar el beso cuando más se necesite.
Javier Moreno 
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