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¿TE IMAGINAS A KAFKA Y A FREUD EN UNA SALA DE CINE?...
Siempre tuve una inexplicable tendencia a subestimar esta película. Me caía bien, pero estaba convencido de que no era, ni mucho menos, la mejor obra de Allen. De hecho llegué a convencerme de que la Academia había decidido darle los premios como compensación por haber hecho tan poco caso de sus producciones anteriores, en especial de “Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y no se atrevió a preguntar”. Pero “Annie Hall” es así; la ves, y te deja algunas sensaciones. Pasa el tiempo, conoces a algunas personas, lees unos cuantos libros y ves otras películas. Para cuando la vuelves a ver, ya no eres la misma persona. Ahora entiendes cosas que antes te resultaban indiferentes, y otras que en su momento te parecieron ridículas, ahora te resultan ingeniosas. Ahora, sin duda, la consideras la obra maestra del gran Woody. Una cinta que tiene, entonces, algo de magia...
El filme, enterito, descansa sobre la base más sólida que puede tener cualquier película: un extraordinario guión. Allen expone aquí su gran abanico de ironías y de comentarios capciosos para deleite del espectador, a través de una forma muy original de contar una historia. Está claro que, ante todo, es un guión valiente. El libreto escrito por Woody Allen habla sobre Woody Allen, sobre sus paranoias y sus dudas, sobre conflictos freudianos y sobre sus disparatadas ideas acerca de los más diversos temas (la envidia de pene, el asesinato de Kennedy, la educación para adultos, el sexo, el efecto de la cocaína en las membranas nasales, etcétera, etcétera, ad infinitum). El neyorquino, como suele hacer, se nos presenta tal como es, aun a riesgo de que muchos espectadores no entiendan de qué está hablando. Esa es su gran ventaja a nivel interpretativo: no tiene necesidad de actuar (cosa que no hace del todo bien, claro, pero se le perdona).
La que sí actúa es Diane Keaton. Tras su participación en “El Padrino”, arremete aquí con una labor protagónica destacable. Annie es sensible y busca un progreso interior, cosa que la obsesiva personalidad de Alvy le obstaculiza. Usa palabras de niña y necesita la marihuana para disfrutar del sexo con él. Pero, ante todo, es un encanto de personaje.
Para disfrutar, para reír y para conocer una historia de amor. Un gran ejercicio cinematográfico, en el que nos encontramos con cosas tan originales como a un personaje hablando con la audiencia o presenciando escenas de su familia de veinte años atrás, asistiendo a sus discusiones como si fuera el espectador de una obra de teatro. Una película personalísima y original, con el sello inconfundible de Allen.
En cuanto a los Oscars, diremos que están bien otorgados, puesto que fueron premiadas las categorías en las que más sobresale (Mejor Guión Original, Mejor Actriz y Mejor Director). El de Mejor Película no tiene tanto mérito, pues competía con Star Wars.
LO PEOR: Decae su ritmo en el tramo final.
LO MEJOR: El guión, más Allen que nunca.
LEANDRO PINTO 
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