Obra dirigida por el Joseph Losey a partir de un guión realizado de acuerdo con la versión de Bertolt Bretch, con quien había colaborado en el montaje de la obra teatral en EEUU. El trabajo de Losey no se limita a una simple tranferencia del teatro al cine, sino que pretende ofrecer una atractiva recreación cinematográfica de una representación teatral. El vestuario, de época, destaca por la sobriedad de los colores y la exhuberancia de las formas. Los escenarios son amplios y abiertos, la estructura y la coloración de los mismos son sumamente discretas, destaca la magnificencia de los diálogos, que constiuyen la médula de una obra hecha no para entretener, sino para plantear interrogantes, suscitar dudas y movilizar el pensamiento. La banda sonora ofrece fragmentos musicales de fondo que acompañan suavemente las incidencias de la acción. Cada cuadro de la obra cuenta con una breve introducción a cargo de tres voce blancas que introducen al espectador en el contenido del mismo. La interpretación de Topol (Galileo) es magnífica y las breves intervenciones de John Gielgud (el viejo cardenal) y Edward Fox (el cardenal inquisidor) son excelentes. En su conjunto la película es una obra equilibrada, rica en contenido y matices, visualmente atractiva y sumamente sugerente.
spoiler:
Narra la biografía de Galileo Galilei desde la época en la que mejora notablemente el telescopio inventado por los holandeses hasta su muerte. El telescopio le permite explorar el cielo y constatar que hay evidencias suficientes para sustentar la teoría de Copérnico según la cual la tierra no es el centro del universo, sino que gira alrededor del sol. En una primera instancia acepta guardar silencio sobre sus opiniones, pero a la larga será sometido a juicio por la Inquisición en Roma. En atención a que accede a retractarse de sus ideas no es condenado a morir en la hoguera, como le ocurriera a Giordano Bruno, sino a la pena de arresto domiciliario vigilado de por vida.
La historia, desarrollada libremente por Brecht, presta atención especial a las contradicciones personales de Galileo que cede y transige por temor al dolor físico, pero mantiene vivas sus convicciones y sus deseos de comunicarlas, lo que le lleva a escribir en el último tramo de la vida su última obra "Discorsi", que se publicará en Amsterdam, cuando el maestro se encuentra postrado por la artritis y la ceguera.