Haneke no necesita reinventar la película, le basta con mostrársela a más gente, no la comercializa, no la convierte en un producto americano. Hace la misma obra de arte, la misma crítica, golpea de la misma manera y nos convence, ataca a nuestro subconsciente, crea controversia allá donde se proyecta y nos regala el placer de la discusión; nos deja la puerta abierta para que pensemos, alabemos, detestemos y saquemos partido de la crueldad de sus imágenes.
Poder contemplar esta producción en un cine, en versión original, disfrutar de su realización, así como de sus interpretaciones y sobre todo de su demoledor mensaje remueve conciencias, no tiene precio.
No logro comprender a aquellos que admiran la primera versión y les horroriza esta nueva, para mí solo supone algo parecido a revisar una obra de teatro y volver a disfrutarla, solo que con diferentes actores.
spoiler:
Me encanta que haya respetado tanto la banda sonora original como el interminable plano secuencia que se da paso tras la muerte del niño.
El final es brutal, el director es consciente de que él es el dios de su propia película, que puede hacer lo que le de la gana y me fascina con ello cómo hace filosofar a sus personajes a cerca de la ficción y el mundo real.
PD: (lo siento, pero lo tenía que decir) Naomi... se te ve la almeja.