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El espectador también tira de la cadena
¿Por qué lo bueno fracasa y lo malo arrasa?
Yo entiendo que esas películas del llamado cine de arte y ensayo, con alargados planos fijos o secuencia que describen durante dos horas mínimo la naturaleza oculta del ser humano o de una pared, no capten suficientemente la atención de las distribuidoras que necesitan convertir la exhibición de películas en un jugoso negocio.
Otra cosa es que una superproducción, con cuyo presupuesto se podría solucionar el problema del acceso a una vivienda digna en toda una comunidad, que lleva el lema del cine para y de entretenimiento se convierta en uno de los fracasos en taquilla de la temporada (pese a finalmente producir ganancias).
¿Por qué ha funcionado lo mismo (e incluso peor) con personajes de cuentos necesitados de entrar en “Cambio radical”, monstruos que salen del armario, peces desorientados, animales prehistóricos adictos a la cafeína, superhéroes con lorza, juguetes incendiables, bichos mariquitas, coches buenrollistas, robots de cocina y todo tipo de animales parlanchines o cantarines?
Saber los misterios por lo que una producción con guiños muy acertados, momentos musicales originales que no provocan la vergüenza ajena, chistes convenientemente explotados e innumerables situaciones que garantizan el entretenimiento de primer orden (by Aardman) ha sido olvidada parcialmente por el público (sobre todo americano) me haría pensar, si fuese un ejecutivo de la Pixar / Walt Disney, en atrasar todo lo posible el estreno de “Ratatouille”.
¿Será el miedo y asco de los humanos a las ratas/ratones?
Pronto lo sabremos aunque “Ratónpolis”, pese a ser en el fondo más de lo mismo, tiene suficiente encanto y perdurabilidad para tener el doble de méritos.
Maldito Bastardo 
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