|
Una pequeña joya del cine independiente.
No he tenido la oportunidad – aún – de ver “Slums of Beverly Hills” (1998), el largometraje anterior de la realizadora Tamara Jenkins, pero por lo que he podido averiguar es fácil comprender que su tópico preferido se centra en las relaciones familiares y es quizás por este motivo; entre otras muchas razones que tienen que ver con una aguda habilidad para observar, mucha creatividad e inteligencia y una salvaje pero sofisticada propensión a la crítica más despiadada; que su nueva e hiper-laureada obra, “The Savages”, funciona tan pero tan excelentemente bien.
La trama de “The Savages” analiza la relación de dos hermanos adultos, Wendy (Laura Linney) y Jon (Philip Seymour Hoffman), quienes deben cuidar ahora, en los días de vejez y demencia, a un padre negligente que jamás se preocupó por ellos. El desarrollo del film lleva al espectador, por caminos inesperados, a descubrir dos seres humanos emocionalmente exhaustos y carentes de afecto pero también ofrece una posibilidad discreta y creíble para la esperanza… eso es lo maravilloso de esta historia: su apertura a la posibilidad de dejar atrás nuestros demonios, evolucionar y mejorar como personas.
El trabajo de Jenkins, tanto en la dirección como en el guión, es provocador, inteligente, subversivo, extremadamente conmovedor pero a la vez carente de afectaciones y, finalmente, matizado por un humor que emerge perfectamente dentro del contexto y cautiva con su enorme humanidad e inusitada ternura. Las reflexiones que plantea la película son incisivas y seguramente, para quien la observe con atención, no pasarán desapercibidas.
Laura Linney y Philip Seymour Hoffman, ambos por igual, realizan un trabajo interpretativo de calidad superior, son totalmente convincentes, devastadoramente crudos en la descripción de los avatares emocionales de sus personajes, muy divertidos e interactúan con una química inmejorable. Hoffman como Jon Savage vive desamorado y totalmente embebido en su investigación de Bertolt Brecht, en su mundo es difícil apreciar un lugar para la felicidad pero aparentemente él lo asume con estoicismo; Linney como Wendy Savage está desesperada, toma malas decisiones, está obsesionada por obtener la beca Guggenheim para financiar un proyecto teatral que refleja la terrible niñez de ella y su hermano, sin embargo, ante tan terrible panorama, se tienen el uno al otro, y estos dos exquisitos actores elevan, sin lugar a dudas, el alcance de este original ensayo sobre las relaciones de hermano-hermana.
Con todo lo expresado “The Savages” es, definitivamente, una cinta que, en la vena agridulce de “Sideways” (2004, de Alexander Payne), orgullosamente recomiendo aunque probablemente, al igual que la mencionada referencia, no sea del agrado de todo el mundo.
Luigi De Angelis 
|