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Ladrón de corazones.
Indispensable para quien le guste las películas románticas.
Los minutos iniciales son perfectos. Desde las habitaciones del hotel se presenta a un hombre que cae al suelo inconsciente; al mismo tiempo aparece otro con aspecto lánguido, mira por la ventana. No hay paredes, todo se comunica, se contempla el agua con el brillo de la noche, un gondolero canta y una mujer saluda enigmática desde otra góndola que se desliza por el canal, igual que la cámara.
Elegancia total.
Pero ahí está Lubitsch. Ese mundo de ensueño, pronto vemos que, en realidad, pertenece al mundo de los mortales. Se trata de un ladrón romántico, de exquisita personalidad, atractivo hasta el punto de enamorar a su siguiente víctima, una millonaria.
Sólo los genios del cine pueden combinar imágenes y diálogos tan llenos de encanto entre la relación triangular que nos presenta.
Indispensable. Con un final lleno de ternura, de esa que llega directa al corazón.
fantomas 
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