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Crítica de Maldito Bastardo a El buen alemán
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| 42 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Nunca debiste volver a Berlín
Se entiende por clonar la acción de producir clones y un clon como un conjunto de fragmentos idénticos obtenidos desde una misma ‘secuencia’ original. También un clon puede ser un payaso (del inglés clown). Y al mismo tiempo el inicio de esta crítica puede ser un ‘clon’ de otras críticas ‘originales’ de Gilbert.
En “El buen alemán” Soderbergh ejerce de clonador del cine clásico a modo de experimento: de Rossellini a “Casablanca”, de “Berlín Exprés” a “El tercer hombre”. Buscar conexiones con las ‘células” originales puede resultar interesante pero la pregunta metafísica y no biológica es si un clon tiene alma o carece de la misma.
“El buen alemán” tiene forma de clásico pero en el fondo es una simple carcasa hueca. ¿Qué hacían Rossellini, Curtiz, Tourneur o Welles entre otros para sobrecoger al espectador? ¿Para conseguir ese instante que traspasaba la pantalla?
Descubrirlo debería ser el verdadero experimento y Soderbergh, al que la da lo mismo que le piten en el Festival de Berlín y la crítica se cepille su última obra, ha conseguido unas secuencias bellas de gran poder pero de escasa atracción. Sin alma y sin aquello con lo que deslumbraban y siguen fascinando esos ‘clásicos’ ya sean sobrevalorados o no.
Aunque tal vez ese era el estudio cinematográfico del director de “Sexo, mentiras y cintas de video”. Descubrir nuevamente, como ya hizo Gus Van Sant con “Psycho”, que no conviene exhumar cadáveres que permanecen muy bien enterrados y en eterno estado de gracia.
Maldito Bastardo 
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