Cuando voy al cine, parto de la base de que lo que voy a ver ya me lo han contado. Hemos visto tantas películas y leído tanto, que ya no hay historias que sorprendan por sí mismas.
Por eso, lo importante de la película es cómo te la cuenten. Es lo único que puede sorprender.
Lo malo de esta cinta es que la sorpresa del qué no existe por culpa de la del cómo, que es una sorpresa bastante desagradable.
spoiler:
Cuando la primera escena del film es Will Smith diciendo "voy a suicidarme", piensas "bueno, quizás haya un giro o puede que sea cierto y se suicide al final". Luego, ves flash-backs de un accidente, Will, atormentado, habla de siete muertos y piensas "vaya, parece que provocó un accidente en el que murieron siete personas". Luego lo ves investigando a gente para ver si merecen su ayuda. No hay que ser muy listo para saber que quiere ayudar a siete personas para redimirse por las siete muertes y que su suicidio sea, por tanto, para donar los órganos.
Bueno, en diez minutos de película ya me has contado el final. Muy bien. Puede que sea útil si me sorprende la forma en que me lo cuentes. Pero no.
La película se estira y se estira de forma absurda. Intenta emocionar, pero no puede. No lo consigue con una anciana llorando, pues prueba con un pobre ciego, y si no, prueba con una mujer maltratada, y si sigues sin emocionarte, mete una historia de amor. Pero ya sé cuál va a ser el final, y todo esto ya lo he visto antes, muchas veces y mucho mejor.
Pienso, por ejemplo, en Big Fish de Tim Burton. Puedes intuir el final desde el principio. Pero emociona.
Estirar el final con escenas melodramáticas no va a mejorar la cosa. El final de Monstruos S.A. emociona porque el monstruo se reúne con la niña, pero no hay un largo abrazo y muchas lágrimas, ni siquiera hay contraplano. Sólo una sonrisa y un fundido en negro.
Si quieres que Will se suicide, hazlo entrar en la bañera, que le pique la medusa, cortas con una imagen del busca de la chica sonando y fin. La agonía del protagonista, la operación de corazón y los lloros, abrazos y cursiladas de los que llevas abusando toda la película no me emocionan.
No sólo es convencional, es aburrida.
Por cierto, ¿por qué grabar con la cámara en mano y el zoom al máximo? Se nota mucho más que le tiembla el pulso al señor de la cámara. Dos horas de primeros planos temblorosos y completamente injustificados no me van a emocionar más; pero puede que me mareen un poco.
Piense en los pobres espectadores de la primera fila, señor director.